Alfajarín es una población
de origen árabe
si atendemos su topónimo, según los filólogos
Alfajarín significa “Los alfareros”. Pero
son nulos los restos de antiguos hornos de alfareros musulmanes
aunque si es mucha la cantidad de restos de cerámica.
La leyenda habla de que el fundador del pueblo fue un rey
moro de Zaragoza llamado Ben Alfaje. Lo más parecido
a este personaje es un gobernador moro de Zaragoza llamado
Aven Alfagt, que bien puede ser el mismo. Otra versión
es la que relaciona el pueblo con Al-Muqtdir rey de Zaragoza
y según muchos impulsor del castillo de esta localidad
y por lo tanto el nacimiento del núcleo de población.
La Aljaferia de Zaragoza debe su nombre a este rey y el parecido
con Alfajarín es lo que ha llevado a muchos autores
a decir que Alfajarín debe su nombre a Al-Muqtadir.

Lo cierto es que este origen árabe es la parte desde
la que conocemos más o menos la historia de Alfajarín,
pero parece ser que en esta zona pudo haber algún
resto íbero y lo más contrastado una villa
romana. La construcción de la A-2 saco a la luz los
restos de una antigua villa romana y en ella apareció la
cabeza de una escultura romana de aire provinciano. Por lo
tanto en Alfajarín hay restos de vida desde una época
que pertenece a la historia antigua, aunque esta sea bastante
desconocida.
Pero entrando ya en la Edad Media, Alfajarín era
uno de los focos más importantes del reino musulmán
de Zaragoza. El castillo musulmán de Alfajarín
se construiría como uno de los castillos defensivos
y de vigilancia que durante el siglo X se construyeron por
la ribera del Ebro. Si bien los pocos restos que se conservan
hoy son posteriores y pertenecen a la fortificación
que realizaron los Corneles en el siglo XIII y XIV. Por lo
tanto el desarrollo del núcleo urbano de Alfajarín
se hizo siempre al amparo del castillo, hacia el que siempre
miro el pueblo.

Alfajarín y su castillo fueron reconquistados por
Alfonso I de Aragón en 1119 después de la conquista
de Zaragoza. Si bien el abandono por parte de los cristianos
hizo que los musulmanes volvieran a coger el control de Alfajarín
hasta la total reconquista en 1131. De esta fecha es cuando
se conoce el primer señor de Alfajarín y el
primer Abad que tratara de restablecer la fe cristiana y
cree la Iglesia. Alfonso I da un documento por el que nombra
a Sancho, abad y habla de Fortún Galindez como señor
de Alfajarín. El lugar de Alfajarín era de
realengo, es decir, pertenecía al rey hasta que en
1293 se le entrego el Señorío de Alfajarín
a Pedro Cornel. En este periodo aparecen diferentes tenentes
siempre dependiendo del rey como se demuestra en una documentación
de 1225 en la que Jaime I permite a Elo Alvarez empeñar
la villa de Alfajarín. La Iglesia de Alfajarín
se hizo bajo la advocación de San Miguel pero también
aparece el culto a Santa María Magdalena cuya Ermita
se encuentra hoy en ruinas, además de la devoción
hacía la Virgen de la Peña en la ermita que
todavía hoy continua.
En 1293 Jaime II ordena que el castillo, la villa y las
aldeas (Candasniellos, ya desaparecida) sean entregados a
Pedro Cornel. Se convierte pues Alfajarín en un señorío
dependiente de la familia de los Cornel, pasando en 1334
Jimeno Cornel, en 1348 Tomás Cornel, en 1352 Luis
Cornel y posteriormente el hijo de este quien protagonizo
una curiosa historia con Brianda de Luna (relatada en el
apartado del Castillo). Estos Cornel fueron los encargados
de fortificar la villa en la cual queda como resto la puerta
de entrada de la muralla, el arco de La Portaza del siglo
XIV; también ellos reformaron el castillo e hicieron
en el interior una residencia para los señores.

En 1437 la Baronía deja de ser propiedad de los Cornel
y Alfonso V de Aragón concedió a los hombres
de la Baronía de Alfajarín franquicia perpetua
a los derechos reales, con motivo de la adquisición
de la Baronía por parte de Don Juan de Mur. La Baronía
comprendía los lugares de Alfajarín, Candasniellos
(poblado medieval situado en el término de Alfajarín,
hoy desaparecido), Farlete, Nuez, Osera y Villafranca.
Juan de Mur nos dejo uno de los documentos más valiosos
de la historia de Alfajarín, son los Privilegios
concedidos a los moros de Alfajarín por su señor. La
Baronía la heredo su hija María de Mur y el
marido de esta Juan Pérez Calvillo, recordados por
ser los que patrocinaron el Retablo de la Virgen de Montserrat
en la Iglesia Parroquial. Después compraría
la Baronía Miguel Gilbert y después paso a
Don Juan de Coloma a finales del siglo XV. Juan de Coloma
era secretario de Fernando “El Católico” y
fue el encargado de firmar las Capitulaciones de Santa Fe
que era el trato entre Colón y la corona para su viaje
hacía las Indias. A este Señor de Alfajarín
le debemos la torre mudéjar de la Iglesia encargada
a Abdalla de Brea y Mahoma de Monferriz en 1486. Con él
terminara el baile de dueños en la Baronía
ya que esta pasara en 1496 a manos de Don Ramón de
Espés, y quedara en la Casa de los Espés hasta
su desaparición en el siglo XIX.

Los Espés fueron los encargados de realizar todo
el montaje jurídico de la Baronía de Alfajarín.
La Baronía de Alfajarín sería un ejemplo
de la pervivencia del feudalismo durante toda la Edad Moderna
y parte de la época contemporánea. Absolutamente
todo lo que había en Alfajarín pertenecía
al Señor desde las tierras, casas, molino, granero
(todavía existe en la plaza Urbano Orad), leña,
ganado bravo en el soto e incluso la vida de los habitantes
ya que tenia el derecho jurisdiccional. Todos debían
pagar impuestos a la Baronía, por ejemplo si utilizaban
el horno de cada veinte panes debían de dar uno al
Señor. Esto lo encontramos todavía en documentos
fechados en 1817. En 1590 Don Pedro Alagón y Espés
Señor de Alfajarín y su esposa Doña
Esperanza Urries fundaron junto con Fray José de la
Cueva (dominico) un convento de dominicos en la antigua ermita
de Santa María Magdalena. En 1672 seria abandonado
hasta su reconstrucción entre 1732 y 1734 por los
Marqueses de Aytona, Señores de Alfajarín,
pasando a ser la Ermita de la Virgen de la Cueva. A los Espés
también debemos el escudo y bandera de Alfajarín,
ya que su escudo es un grifo de oro sobre campo de azur.
Este escudo lo podemos observar en la crucería de
la ermita de la Virgen de la Peña.

Durante la Edad Moderna y Contemporánea el Ayuntamiento
de Alfajarín mantuvo muchos pleitos con la Baronía,
por la posesión de tierras, el pago de las cargas
y diferentes circunstancias. Uno de los mayores defensores
del pueblo fue Don Rafael José de Crespo abogado representante
de Alfajarín contra la Baronía. Había
nacido en Alfajarín en 1779 y fue consejero de Fernando
VII además de oidor de la Real Audiencia de Aragón;
también fue escritor. Es uno de los personajes más
importantes de la historia de Alfajarín y también
uno de los más desconocidos, murió en Alfajarín
en 1842. Los pleitos entre Alfajarín y la Baronía
llevaron al abogado de la Baronía a calificar a Alfajarín
como “ese pueblo infernal”, ya que además
entre 1820 y 1830 hubo varias rebeliones antiseñoriales.
La Baronía desaparece con Doña María
del Rosario Wall última señora territorial
de la Baronía de Alfajarín, realizando una
permuta de tierras con el Ayuntamiento y perdonando las deudas
a los vecinos de Alfajarín en 1879, aunque se reservo
la propiedad de algunas tierras. Vemos la larguísima
pervivencia que tuvo una Baronía de carácter
feudal en Alfajarín y que no todas acabaron con las
Cortés de Cádiz en 1812.
Desde entonces Alfajarín sería un pueblo independiente
dentro de la jurisdicción de Zaragoza y ya en el siglo
XX viviría otra serie de importantes acontecimientos
como fue la modernización del pueblo y algunos pasajes
más difíciles como la Guerra Civil. Esto ha
sido un repaso muy general de la historia de Alfajarín
que da para muchísimo más y es difícil
de resumir en tan poco espacio, en definitiva Alfajarín
es un pueblo con mucha historia.

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